sábado, 25 de junio de 2016

Trabajo Interior



Trabajo Interior

Por R:.H:.Jorge Raúl Olguín

Trataré de aclarar algunos puntos oscuros que muchos de vosotros tenéis con respecto al trabajo interno, con respecto a vuestra sombra y obviamente con respecto a los roles del ego.
Percibo que muchos de vosotros trabajáis, os esforzáis en vuestro propio bien para luego poder tender una mano a otros. Como he dicho en infinidad de oportunidades todo pasa por uno puesto que si uno no está de pie no puedes tender una mano a nadie.
Voy a conceptuar de manera que pregunto y yo mismo me respondo para que entendáis a donde quiero llegar.
¿Por qué muchas veces trabajáis vuestro interior como si vuestro ser fuera un monumento y vosotros mismos fuerais el escultor que estuviera modelando la imagen para dejarla casi perfecta?
¿Por qué al poco tiempo esa estatua se deshace como si fuera de sal y la lluvia la dejara absolutamente transformada en nada? ¿Qué falló?
Muchos de vosotros decís: "Es un trabajo que lleva toda la vida". No os equivocáis, es verdad. Pero al igual que los pequeños que van al colegio y van pasando de grado en grado, de año en año, con vuestro trabajo tendría que pasar lo mismo. Tendríais que superaros una y otra vez para ser mejor que ayer y pensando que mañana estaríais aún en mejores condiciones.
Pero vosotros mismos veis que no es así, vuestras pasiones os dominan. Es como si subierais una cuesta medianamente empinada, como si estuviera con aceite y os costaría subir, patinaríais y os deslizaríais hacia abajo nuevamente. ¿Por qué? ¿Acaso no os esforzáis en vuestro interior siendo vosotros mismos la estatua y vosotros mismos el escultor? ¿Acaso sois malos escultores? No, por supuesto que no. No solamente sois buenos escultores sino que tenéis perseverancia porque al fin y al cabo aquella estatua, aquel monumento sois vosotros mismos.
Un escultor se esfuerza con sano orgullo en dejar su obra terminada en perfectas condiciones. ¿Cuánto más se esforzaría si la obra fuese él mismo? ¿Cuánto más? Y sin embargo hay momentos en que esas pasiones en forma de vanidad, de envidia, de ansiedad, de desesperanza, de sentimiento de abandono y allí os transformáis en aquel que sube la cuesta y va resbalando otra vez hacia abajo.
Porque aparte tenéis algo a favor. A medida que vais tallando vuestra propia estatua vais aprendiendo a cómo dar el golpe, cómo ver la perspectiva, si la figura está quedando bien, os alejáis, os veis a vosotros mismos de lejos, dais vuelta a ver cómo se ve desde atrás. Y se ve bien. Pero en el momento de aplicar esa obra en la vida cotidiana vuelven a aflorar esas emociones perniciosas que a veces domináis. Que no lo demostréis no significa que no lo sintáis porque la emoción va por dentro. A veces os ponéis una máscara y no dejáis que el entorno os vea como sois.
Hay una psicología que a esas vulnerabilidades, a eso oculto le llama "sombra" y explica que hay que amigarse con esa sombra. Significa como que tenemos que confrontar esas vulnerabilidades porque podemos aparentar mediante una máscara que estamos bien y por dentro no lo estamos, entonces engañamos al entorno. No es un engaño negativo en el sentido de sacar ventaja del otro, no, no, no; es simplemente que nos ocultamos detrás de esa máscara de armonía, de felicidad, de que todo está bien, pero hay alguien a quien no podemos engañar, que es a nosotros mismos, y la única manera de no engañarnos a nosotros mismos es confrontar. Es no permitir que esos roles del ego dirijan nuestras acciones, que sean los amos de nuestra vida.
Y eso es el error del escultor. Porque quizá esos roles del ego no impidan que el escultor use bien las herramientas si no que van a intentar que el material con el que estamos trabajando sea débil y no se le pueda dar una forma perfecta a la terminación de la obra.
Y eso es lo que muchos escultores de su propia vida no tienen en cuenta. Porque están haciendo un buen trabajo, están confrontando a su sombra, están tratando de sacarse la máscara porque al fin y al cabo la máscara puede tener muchos significados: Cobardía de enfrentarse al público, temor de mostrarse cómo es uno genuinamente, aparentar estar bien para buscar la aprobación del otro. El tema es que nos volvemos esclavos de esa máscara, entonces estamos todo el tiempo impostando y no somos nosotros mismos, somos la máscara, actuamos todo el tiempo.
Entonces es como que tenemos una hermosa estatua terminada con material de malísima calidad que a la menor ventisca o lluvia se va deshaciendo y lo que queda es poco o nada.
Está bien trabajar sobre nuestro propio ser en tanto y en cuanto no nos engañemos a nosotros mismos y entendamos que la obra que estamos construyendo es la verdadera, es la real, sin falsas apariencias. Porque esas falsas apariencias van a mostrar una falsa estatua por más que las herramientas sean perfectas y la mano del escultor sea perfecta.
¿Pero cómo puedo esculpirme a mí mismo si no sé cuáles son mis vulnerabilidades puesto que los roles del ego mutan, se transforman, hoy representan un rol, mañana otro?
Es muy sencillo. No basta con estar alerta ante los demás, estar atentos, estar despiertos, no perder el detalle de las cosas, sino también estar atentos con uno mismo, no perder el detalle de uno mismo y entenderemos qué cosas nos están pasando, qué cosas nos pueden estar afectando para modificarlas. Porque en el plano físico somos seres humanos, somos vulnerables y estamos en eterno aprendizaje pero también es cierto que si nosotros nos miramos al espejo y no nos mentimos y aceptamos que a veces tenemos bajas pasiones, envidias, celos, despecho, rencor, ahí las podemos confrontar. No las podemos confrontar si las negamos como la joven que barre la tierra debajo la alfombra, la tierra no está a la vista pero tú levantas la alfombra y la encuentras. Entonces no se trata de barrer nuestras debilidades en nuestro interior, en lo más profundo porque van a seguir estando.
Y no está de más repetir que los roles del ego no se eliminan ni se combaten, porque la mente no es un campo de batalla… se integran. Y pueden asomar en cualquier momento ante el menor problema. De eso se trata estar alertas con nosotros mismos. Y estar alertas todo el tiempo que podamos no es un desgaste… todo lo contrario, el desgaste es representar un papel todo el tiempo, es estar con la máscara todo el tiempo, porque te acostumbras a estar alerta finalmente lo haces de manera natural, te sale solo. El impostar desgasta y va a llegar un momento en que te mirarás al espejo y no tendrás nada que ocultarte a ti mismo.
Una vez que no tengas nada que ocultarte a ti mismo podrás terminar perfectamente tu propia estatua con el mejor material, que eres tú mismo, sin falsas expectativas.
¿Que habrá sombras? Siempre.
¿Roles del ego? Permanentemente.
Se trata de estar alerta y asumir que podemos tener celos, envidia, rencor, despecho y no se trata de luchar contra ello sino de darnos cuenta de que tenemos algo tan luminoso como el Amor que es la Dignidad. No hay una persona digna que tenga despecho, envidia o celos o rencores porque la persona digna comprende. De la misma manera que comprende la vulnerabilidad propia comprende la vulnerabilidad de la otra persona y todo se confronta. No significa que todo se acuerde porque no todos somos iguales.
Entonces ahí entra a jugar otro factor que es la tolerancia. Pero como he dicho en otras oportunidades, no la tolerancia “porque no tengo otra forma”, sino la tolerancia desde el interior, desde lo fraterno. La tolerancia desde el amor, desde la empatía.
Y de esa manera no habrá sombras, habrá Luz.

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